miércoles 10 de marzo de 2010

La Solitude (Of A Birthday Wish)

(...)"«¡La desgracia grande de no poder estar solo!...» -dice en algún lado La Bruyère, como para avergonzar a todos los que corren a olvidarse entre la muchedumbre, temerosos, sin duda, de no poder soportarse a sí mismos.

«Casi todas nuestras desgracias provienen de no haber sabido quedarnos en nuestra habitación» -dice otro sabio, creo que Pascal, llamando así a la celda del recogimiento a todos los alocados que buscan la dicha en el movimiento y en una prostitución que llamaría yo fraternitaria, si quisiera hablar la hermosa lengua de mi siglo."



Fragmento de "La Soledad", poema número 23 de El spleen de París, de Charles Baudelaire.







Prefacio

La estancia es un salón de un hotel de lujo desbordado, donde artefactos con nombres desconocidos y numerosas piezas de arte se pelean por la atención de los huéspedes e invitados. Me encuentro en ella, absorto en pensamientos múltiples nublados por las distintas emociones causadas por lo que me propongo hacer a continuación. Enciendo un habano fino, tardándome lo necesario para lograr la perfección de la primera inhalación, del primer humo impío, de la primera bocanada de muerte culposa... y justo cuando lo logro, recuerdo la copa de champagne helada que tengo a mi lado. Sólo una pequeña lámpara colocada sobre una pequeña mesa próxima a mí ilumina el cuarto que, para mi increíble satisfacción, está a una temperatura casi congelante. Mi sangre se pelea con el frío mientras yo me peleo con las palabras que mueren por salir de mi boca. Inhalo, bebo y observo el reloj. El tiempo, viejo enemigo siempre detestado, esta vez ha conspirado a mi favor.

Se hacen las 3:27 de la madrugada y mi criada Karenina entra en el recinto para anunciarme que mi primer invitado ha llegado y que se encuentra afuera esperando por entrar. Mi respiración sospechosamente disminuye su ritmo hasta ponerse en sintonía con la profunda calma que repentinamente han asumido mis ideas. Le indico a esta pobre pero fiel amiga que no haga esperar más a nuestro invitado de honor. Ella sonríe, envuelta en el velo de gloria que le confiere su papel de cómplice. Tras su salida, se cierra la inmensa puerta de roble y oigo los pasos afuera. Me sirvo más champagne y cruzo mi pierna. Cómodo como estoy en esta silla de cuero negra tan amplia como para tres personas, espero su llegada. Sonrío yo también.

Suena la puerta al abrirse. Mi puño se cierra y mis pupilas se contraen.



- Te he estado esperando más tiempo del que merece tu existencia, Julio César. - Hablarle primero fue una maniobra perfectamente elaborada para desarmarle un pobre discurso que, sin dudas, ya tenía elaborado. -
- Yo... Yo... No podía venir antes. Tenía un compromiso. Discúlpame, de verdad. - Dice esto mientras se sienta no muy cerca de mí y evitando con todas sus fuerzas encontrarse con mis ojos.
- No, no. Faltaba más, Julio César. Por supuesto que te disculpo. Te he disculpado incluso antes de saber que llegarías tarde. El retraso te ha definido mucho últimamente.
- Si vas a empezar con tus comentarios, mejor me voy, Javier. - Su cara no refleja lo que dice, tiene miedo, mucho miedo como siempre ha tenido. A diferencia de mí, Julio César no es nada difícil de leer.
- Descuida, no estarás mucho tiempo aquí. Después de todo, has venido a morir. - Un destello de luz atraviesa mis ojos y es cuando él se da cuanta de que no estoy mintiendo.
- ¿A morir, dices? Creo que no te entiendo.
- Me entiendes perfectamente, necesario es que dejes de mentir, aunque sea en tus últimos instantes de vida, ¿no crees? Vaya, Julio César, siempre supe que serías una decepción, sólo que, confieso mi error, nunca pensé que resultarías siendo lo que eres.
- Así que finalmente lo descubriste, Javier. Cómo... Cómo... ¿Cómo llegaste tan lejos?
- Eso es algo que yo sé y que tú no sabrás nunca, Julio. Pero puedes estar tranquilo, no necesitas de verdades en el Infierno.


De pronto se levantó de la silla y corriendo rápido hacia la puerta, intentó abrirla sin lograrlo. Viéndose condenado, volteó a verme y pronunció lo que serían sus últimas palabras en la tierra.

- ¿Alguna vez llegaste a amarme, Javier?
- ¿Me amaste tú, Julio César?
- Sí. Por primera vez... amé, Javier.

El ruido de los disparos salidos de mi Golden Glock, las tres balas atravesando su corazón, y la sangre manchando todo lo cercano, me hicieron sentir en perfecta armonía y comunión con cada uno de los seres vivientes del universo.
Aproximadamente ocho minutos más tarde entró mi criada, observando con una morbosa satisfacción el cuerpo sin vida en el suelo.


- Mi señor, su otro invitado se encuentra esperando afuera. ¿Desea usted que entre con prontitud o debo fingir simpatía unos momentos más?
- No es cortés retrasar a nuestros invitados, Karenina. Debe entrar de inmediato.
- Como ordene, señor.


Sin cerrar la puerta esta vez, corrió fuera a buscar al segundo de los asintentes a la fiesta. Tan sólo un instante le llevó traerlo y hacerlo entrar sin mirar al suelo, como ameritaban las circunstancias. Antes de que éste pudiera notar dónde se encontraba, Karenina cerró la puerta y se alejó silenciosa por el pasillo.

- Por favor, no me mates. Por favor.
- No vas a morir esta noche, Armand, no esta noche.
- No me mates... Te lo estoy suplicando....
- ¡Cállate, imbécil! Tus palabras contaminan mi paz. Has venido a observar lo que has hecho. Has asesinado a un hombre y cargarás para siempre con la culpa de tu crimen. Harás los movimientos necesarios para que nadie descubra lo miserable de tus acciones.
- ¡Lo has matado tú, Javier! ¡Lo has matado tú!
- ¡He dicho que te calles! - Cargué el arma ý lo apunté, logrando que dejara de balbucear las estupideces propias de los hombres de su condición.
- Perdóname, Javier... Por favor...
- Ya te he perdonado, Armand... Incluso antes de saber que tendría que hacerlo, viejo amigo. Sólo mi piedad, mi absoluta misericordia... por lo que un día fuiste y por lo que un día sentimos te permite conservar tu vida. Has matado a un hombre y te has condenado a vivir en la eterna penumbra de tus penas. ¡Avergonzado estás de tu vida! ¡Orgulloso estoy de tu muerte! ¡Oh, maravillosa dicha la de saberte condenado para siempre!



El sonido de la bala atravesando su antebrazo y su cara de horror ante la sangre brotando sin control de su cuerpo me hicieron sentir en perfecta armonía y comunión con cada uno de los seres vivientes del universo.



Mi sonrisa se amplió sin pudor alguno. Afuera del salón, Karenina se reía a carcajadas y aplaudía a su maestro.










To be continued.


La soledad es uno de los enemigos más profundamente temidos por los seres humanos poco conscientes de la realidad que les rodea. Como sólo podía él decir, en el fragmento arriba expuesto Charles Baudelaire nos mencionaba el terrible infortunio que significa para aquellos avergonzados de sí mismos, el momento de quedarse solos para conocerse y conocer al mundo.

Siempre me ha parecido peculiar y asombrosa la desesperada afición que algunas personas sienten por sentirse acompañados, aún cuando determinadas compañías no sean gloriosas, como la de la criada Karenina. Y es entonces cuando se repite en mi mente una y otra vez la misma pregunta: ¿Qué tan lejos somos capaces de llegar los hombres para procurar escapar de la soledad?

Las respuestas a tan anciana interrogante son radicalmente opuestas, y de ello estoy perfectamente consciente. Las bajezas del humano salen a relucir cuando más cerca se encuentra este de descubrirse en un hueco oscuro y sin compañías. En el camino que he decidido recorrer, porque cada uno de mis pasos depende de mí y de nadie más, me he encontrado con todo tipo de actos impuros en búsqueda de compañía.

He visto como se traiciona a un amigo, como se le miente a una amiga, como se alteran verdades y como se inventan fantasías sólo creíbles por un niño, he visto almas solitarias sonriendo ante el placebo de un compañía pagada, he visto sonrisas fingidas producto de sustancias pecaminosas, he visto la celebración del dolor... he visto de todo, pero no he visto casi nunca la celebración y la bienvenida a la mal conocida soledad. Y eso, queridos amigos, justamente eso es lo decepcionante de la existencia humana.
Por huirle a la soledad se le ha declarado amor a un fantasma, por huirle a la soledad se ha enamorado a un enemigo, por huirle a la soledad se ha masturbado a la infelicidad. De la soledad no se puede escapar. La soledad es la mejor amiga de la muerte, y comparten tips para perseguirte todas las noches. ¿Alguna vez el hombre comprenderá tan fundamentales principios de la existencia?

Estando solo he descubierto verdades maravillosas y me he permitido conocer el mundo desde la óptica que yo, y solo yo he decidido darle. Este escrito es una Celebración a la soledad, a la más hermosa amiga del intelecto, a la más colaboradora en la batalla por el triunfo, a la señora de la luz. La Soledad, con nombre propio y honores.

Se hace camino en la soledad justo cuando descubrimos que estamos dotados con todos los elementos necesarios para alcanzar la felicidad propia. Se hace camino en la soledad cuando desconocemos las mentiras de una compañía absurda y abrazamos con respetuoso afecto a un vacío que, sin embargo, está lleno de nosotros mismos: la clave para alcanzar la alegría.

Este post es una invitación a que comiencen a caminar por el mundo y se alejen de la falsa premisa que les lleva a implorar compañía aun cuando ella termine siendo dañina. Y es que me pregunto, queridos compañeros, ¿No es en La Soledad cuando comenzamos a gritar que tenemos miedo y que necesitamos la luz? A eso me refiero, y sé que ustedes también.

Estando solo me he detenido, como decía alguien que en algún momento aprecié, a observar los detalles, a apreciar la belleza inmaculada de un árbol gritándole al mundo que la inmortalidad existe si creemos fielmente en la trascendencia de los sueños. Estando solo me enamoré de las nubes, le grité a Munch que, maldita sea, tenía razón, y persistí en el recuerdo de un Dalí más genio y más surreal que nunca. Estando solo me di cuenta que tú y yo podemos estar juntos, pero es mejor que no. Estando solo le dije adiós a un Amor de La Mentira y me recordé que soy un ser excepcionalmente afortunado. Estando solo sonreí y recordé que, por sobre todas las cosas, me amo a mí mismo y eso no sólo es suficiente, sino que es lo mejor.

Este escrito es una invitación a La Soledad. Este escrito es una despedida que tú debes hacerle a ese mejor amigo que no debes amar, este escrito es la aceptación de tu felicidad y de la mía. Este escrito es para todo aquel que comienza a darse cuenta de que, oh providencia, el camino sigue solo si asumimos que la vida se trata de elecciones, y que de esas elecciones depende el triunfo de la luz y la derrota de la oscuridad, asumiendo tales términos el significado que cada uno de ustedes quiera darle.

Este escrito es la negación del cliché homosexual de que por compañía somos capaces de vender el alma y a nuestro mejor amigo. Este escrito es un respeto por la estabilidad que profesan y que nos restriegan todos los días los compañeros heterosexuales cuando nos hablan de sus relaciones, de sus amistades y de sus planes de vida. Este escrito es de un homosexual profundamente cansado de ver tantos homosexuales iguales manchando el nombre de una comunidad que, lamentablemente, merece muchos de los calificativos que se le otorgan. Este escrito es un saludo al nuevo hombre, al hombre de verdad, que sin miedo profesa amor por otro hombre, pero no se olvida que el nacer bajo el género masculino nos obliga a Ser Varones, a ser valientes y a manejarnos con honestidad, orgullo y seriedad por los caminos de la vida. Los gays también Somos Varones, al menos algunos lo somos.

Confieso que estoy enamorado hoy más que nunca de mi soledad autoimpuesta. Me pregunto si muchos de ustedes, hoy descubriendo que la soledad es un camino oscuro, difícil, pero el único posible, asumirán que están más solos de lo que creen y que necesitan salir del closet y asumir su miedo a la soledad como varones. Me pregunto si las mujeres que me leen, seres maravillosos a quienes respeto más que a nada, se estarán dando cuenta de que muchas veces Ellas son Más Varones que nosotros, incluso que los hombres heterosexuales. Una sonrisa se dibuja en mi rostro al imaginarlas a ustedes sonriendo.


Confieso que no`hay nada más precioso que disfrutar de la soledad bajo la sombra de un árbol mientras se lee algo de poesía. Confieso que podría vivir para siempre en esos instantes de soledad y perfección. Confieso que me gustaría ver a todo el mundo siendo sincero y admitiendo que por las noches, no hay temor mayor que el que le tienen a la soledad. Confieso que que en soledad soy feliz y con ella me caso, quizá me caso para siempre.

Te invito a respirar. Te invito a observar al mundo a los ojos y asumir que la soledad te define. Te invito a comenzar a vivir. Te invito a que, como Antígona, invitemos a La Soledad para así poder decir que No.





Tu Soledad te está esperando.




Epílogo


Cumplí 21 años y algunas cosas merecen ser recordadas... otras ni siquiera mencionadas. 21 es un número maravilloso, y los años impares suelen ser mejores para mí que los pares. Apuesto que este año será genial, más genial y alocado que la celebración de este cumpleaños, que si bien tuvo un fantasma como actor, tuvo también maravillosas cosas que recordar. A Yiyi Habib le agradezco por obsequiarme mi tatuaje, el primero, una de mis más hermosas sorpresas "para siempre". A Helena Riera una postal que me reveló que si bien algunas cosas que hacemos nos llevan a lugares que nunca debimos visitar, el camino hacia el futuro es recordar el pasado para poder aprender de él y sepultarlo. A todos mis amigos, sus bellas palabras y sus demostraciones siempre sinceras de afecto y admiración.

En mi cumpleaños decidí disparar sin piedad. Oh, vaya que sí. Y vaya que fue una verdadera Celebración De La Soledad.


Javier Amundaraín
Die-Übermensch!


Créditos
Theme Songs:
Für Elise - Ludwig van Beethoven
In My Heart - Moby

Photos:
DeviantArt

Agradecimientos
María Helena Riera Silva
Luis Alejandro Ruíz
Yiyi Habib
Gabriela Benazar Acosta
José Gregorio Márquez
Y por una inspiración accidental... agradecimiento a Camila Delgado Vicentelli.

5 comentarios:

PollyanneHoon dijo...

...No quedan palabras pues todas las has dichos tu, mi amor es infinito, ahora más que nunca... he renovado mis votos con mi eterna amante... mi soledad...

Anónimo dijo...

Tremendo, en serio. Me encanta lo que escribes. Lástima que por cosas de la vida, tengas que caerme mal. Saludos.

Anónimo dijo...

Estoy bailando.

esistere dijo...

Qué bien que las noches de insomnio y una elección para nada aleatoria de frases de Kundera sirvieran para esto. Bravo, creo que has dado un paso en la dirección correcta... Que el camino sea largo y tu Ítaca esté lejos.

Anónimo dijo...

De fantasmas estan llenas las historias, mas te auguro mucha felidad, te la mereces after all... 11 meses "tonight" ... Un abrazo para siempre.